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Desde la COP17, Landata plantea la urgencia de proteger la biodiversidad y el patrimonio cultural de los desiertos naturales

Durante la Cumbre de Naturaleza y Cultura, realizada en Armenia, el Nodo Landata de la Universidad Católica del Norte llamó a reconocer los desiertos naturales como ecosistemas de biodiversidad única y territorios de identidad ancestral, frente a las crecientes presiones económicas y ambientales que enfrentan.

Ereván, Armenia, 24 de octubre de 2026. En el marco de la XVII Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP17), el Nodo Landata de la Universidad Católica del Norte (UCN) llevó al debate internacional la necesidad de reconocer y proteger los desiertos naturales, destacando su biodiversidad singular, su patrimonio biocultural y el papel fundamental de los pueblos originarios en la conservación de estos territorios.

El planteamiento fue presentado por Ximena Retamal Valenzuela, Periodista, cientista política, y coordinadora de Comunicaciones, Vinculación y Relaciones Internacionales de Nodo Landata, durante el espacio de diálogo del panel “Patrimonio natural y cultural: identidad, memoria y significado”, desarrollado este sábado 24 de octubre, en Yerevan, Armenia, en la Cumbre de Naturaleza y Cultura de la COP17.

La sesión, moderada por Nigel Crawhall, de UNESCO, reunió a representantes internacionales de organizaciones indígenas y especialistas en biodiversidad y patrimonio cultural, entre ellas Fany Kuiru Castro, de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA).

En este contexto, y a partir de las reflexiones sobre la protección de la Amazonía y los conocimientos tradicionales de sus pueblos, Retamal planteó la necesidad de ampliar la mirada internacional hacia otros ecosistemas de alto valor ecológico y cultural que aún requieren mayor visibilidad en las estrategias globales de conservación.

Desiertos naturales: biodiversidad única y patrimonio científico

Uno de los principales planteamientos de Landata apunta a distinguir los desiertos naturales de los procesos de desertificación.

Mientras la desertificación corresponde a un proceso de degradación de las tierras, los desiertos naturales constituyen ecosistemas que han evolucionado durante millones de años, desarrollando formas de vida altamente especializadas y adaptadas a condiciones ambientales extremas.

El desierto de Atacama conserva algunas de las superficies expuestas más antiguas conocidas del planeta, con registros científicos que alcanzan aproximadamente 25 millones de años y, en determinados materiales, edades incluso mayores.

Su biodiversidad, particularmente la diversidad microbiana presente en suelos hiperáridos y ambientes salinos, representa un patrimonio científico de enorme importancia para comprender los límites de la vida, los mecanismos de adaptación biológica y las posibles respuestas de los ecosistemas frente al cambio climático.

“Necesitamos reconocer que los desiertos naturales no son territorios carentes de biodiversidad. Son ecosistemas únicos, cuya vida muchas veces permanece invisible y cuyo estudio puede aportar conocimientos fundamentales para enfrentar los desafíos ambientales del planeta”, expresó Retamal.

Territorios de memoria, identidad y conocimientos ancestrales

La intervención puso especial énfasis en la dimensión cultural de los desiertos y en el reconocimiento de sus pueblos originarios como actores fundamentales de la conservación.

Durante generaciones, las comunidades indígenas del desierto de Atacama han desarrollado conocimientos sobre el agua, los ciclos naturales, la biodiversidad y las formas de habitar territorios de extrema aridez.

Desde esta perspectiva, los salares, oasis, quebradas y montañas no constituyen únicamente espacios geográficos o fuentes de recursos naturales. Son también territorios de memoria, espiritualidad, prácticas culturales e identidad colectiva.

“Los desiertos no son territorios vacíos. Son territorios de vida, memoria, cultura e identidad. Sus pueblos originarios han desarrollado conocimientos ancestrales que permiten comprender y convivir con estos ecosistemas. Proteger su biodiversidad significa también proteger sus derechos, sus conocimientos y la continuidad de sus culturas”, destacó la representante de Landata.

Este enfoque busca fortalecer el diálogo entre la investigación científica y los sistemas de conocimiento indígena, reconociendo su valor y la necesidad de incorporar efectivamente a las comunidades en los procesos de gobernanza y toma de decisiones ambientales.

La urgencia de proteger los desiertos frente a las presiones extractivas y al desconocimiento 

Otro de los aspectos abordados fue la creciente presión económica sobre los ecosistemas desérticos, particularmente en territorios donde se desarrollan actividades asociadas a la extracción de cobre y litio, minerales estratégicos para la economía mundial y la transición energética.

Estas actividades generan desafíos de conservación especialmente relevantes para los salares, los sistemas hídricos, la biodiversidad especializada y las prácticas culturales de las comunidades indígenas.

“No podemos impulsar una transición energética global sin considerar la protección de la biodiversidad y los derechos, conocimientos e identidad de los pueblos que habitan los territorios donde se extraen estos recursos”, sostuvo Retamal.

La reflexión apunta a la necesidad de fortalecer criterios de sostenibilidad basados en evidencia científica y gobernanza territorial que consideren no solo el valor económico de los recursos, sino también la integridad ecológica y cultural de estos ecosistemas.

Un llamado a la representatividad ecológica en la COP17

En su intervención, Landata planteó una pregunta dirigida al debate internacional: ¿cómo asegurar que la Convención sobre la Diversidad Biológica, especialmente a través de la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, reconozca y proteja de manera justa la biodiversidad de los desiertos naturales y su patrimonio biocultural, incorporando la participación efectiva de los pueblos originarios?

El planteamiento se relaciona con la necesidad de que las estrategias de conservación consideren adecuadamente ecosistemas cuya biodiversidad no necesariamente se expresa mediante una alta cobertura vegetal, pero que poseen una singularidad ecológica y evolutiva de importancia mundial.

Para Landata, avanzar hacia una conservación representativa exige reconocer la diversidad de los ecosistemas terrestres, los conocimientos de sus comunidades y las relaciones culturales que contribuyen a sostenerlos.

La participación en esta cumbre forma parte del trabajo internacional impulsado por el Nodo desde el desierto de Atacama para promover el reconocimiento de los desiertos naturales en la agenda mundial de biodiversidad y fortalecer el diálogo entre ciencia, comunidades y políticas públicas.

“Proteger la biodiversidad del planeta también implica reconocer todas sus expresiones ecológicas y culturales, desde la Amazonía hasta los desiertos más áridos del mundo”, concluyó Retamal.

Sobre LANDATA

El Nodo Landata, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) de Chile y liderado por la Universidad Católica del Norte, impulsa iniciativas de articulación territorial y movilización del conocimiento que parten de una premisa fundamental: la conciencia del “no saber”, reconociendo que aún desconocemos gran parte de la complejidad y singularidad de nuestro propio desierto. Desde esta perspectiva, articula evidencia científica, saberes locales y ancestrales y participación comunitaria para construir un imaginario común que permita comprender, valorar y proteger los desiertos naturales.  De esta manera su trabajo busca contribuir a la comprensión, valoración y conservación de las singularidades del desierto de Atacama, así como a la generación de información relevante para la gobernanza y la toma de decisiones sobre estos territorios.